La vida en dos
05 de
septiembre
05 de septiembre
2019
2019
Es 5 de septiembre. Tres camionetas del CICR atraviesan un paisaje del sur del país y no pasan desapercibidas. Las camionetas blancas del CICR son un símbolo en sí mismas. Inconfundibles, y por una buena razón: en el mundo entero estas camionetas atraviesan terrenos en guerra. Hoy, sin embargo, tienen una misión diferente: viajar con la familia de un desaparecido para encontrar debajo de la tierra el cuerpo de quien podría ser la persona que han estado buscando.
05 de septiembre 2019
La desaparición de un ser querido es un tajo. Una zanja brusca. Para los familiares de desaparecidos el tiempo está roto en dos. Viven en el nuestro, que corre minuto a minuto pero también en el suyo propio. Uno suspendido: un cuarto intacto desde hace 10 años, una foto que se reproduce una y otra vez. Un eco de una misma palabra que recorre un mismo espacio.
La desaparición de un ser querido es un tajo. Una zanja brusca. Para los familiares de desaparecidos el tiempo está roto en dos. Viven en el nuestro, que corre minuto a minuto pero también en el suyo propio. Uno suspendido: un cuarto intacto desde hace 10 años, una foto que se reproduce una y otra vez. Un eco de una misma palabra que recorre un mismo espacio.

Andrés Salazar y María Teresa Nieto,
asesores de protección de la oficina del CICR en Cali.
un dolor
que nunca termina
Un dolor
que nunca termina
En Colombia, según cifras oficiales, más de 120.000 personas han sido desaparecidas. Se calcula que 70% de esos casos siguen aún sin resolver. Así, son más de 80 mil desaparecidos en el país. Es una cifra extraña, cinco dígitos para enumerar lo que —hoy— no está. Es una cifra grande y difícil de poner en contexto.
En Colombia, según cifras oficiales, más de 120.000 personas han sido desaparecidas. Se calcula que 70% de esos casos siguen aún sin resolver. Así, son más de 80 mil desaparecidos en el país. Es una cifra extraña, cinco dígitos para enumerar lo que —hoy— no está. Es una cifra grande y difícil de poner en contexto.
Se podría, por ejemplo, comparar con los países vecinos: en las últimas décadas, en Guatemala han desaparecido 45 mil personas, en Perú son más de 20 mil y en El Salvador más de 5 mil. Los desaparecidos de la dictadura argentina de Videla fueron unos 30 mil. Los de la chilena, durante la dictadura de Pinochet, fueron unos 40 mil.
—Sigan. Con mucho cuidado. Con la pala y hacia la derecha.
—Pasito. Más pasito con la pala.
Si se trata de contar víctimas esos 80.000 deben multiplicarse, pues detrás de cada desaparecido hay una familia. Los familiares de los desaparecidos cargan a diario, y en vida, el peso de la ausencia.
Si se trata de contar víctimas esos 80.000 deben multiplicarse, pues detrás de cada desaparecido hay una familia. Los familiares de los desaparecidos cargan a diario, y en vida, el peso de la ausencia.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha documentado una desaparición cada cuatro días desde que el gobierno de Colombia firmó el acuerdo de paz con las FARC.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha documentado una desaparición cada cuatro días desde que el gobierno de Colombia firmó el acuerdo de paz con las FARC.

Andrés Salazar y María Teresa Nieto,
asesores de protección de la oficina del CICR en Cali.
La vida en dos. Ideas que se pliegan sobre sí y se vuelven paradoja: que una persona desaparecida no aparezca significa que hay esperanza y, al mismo tiempo, que tal vez nunca volverá. La noticia de que hay indicios de que se han encontrado los restos humanos de un desaparecido es la noticia que sus familiares más quieren oír y, a la vez, la que menos. Que aparezca un cuerpo es un dolor interminable que termina para convertirse en otro.

Ese tiempo de los familiares de desaparecidos se invierte en el ejercicio de hacer un inventario de ausencias, una enumeración de recuerdos y objetos que buscan dar cuerpo a quien no está.
La vida en dos. Ideas que se pliegan sobre sí y se vuelven paradoja: que una persona desaparecida no aparezca significa que hay esperanza y, al mismo tiempo, que tal vez nunca volverá. La noticia de que hay indicios de que se han encontrado los restos humanos de un desaparecido es la noticia que sus familiares más quieren oír y, a la vez, la que menos. Que aparezca un cuerpo es un dolor interminable que termina para convertirse en otro.

Ese tiempo de los familiares de desaparecidos se invierte en el ejercicio de hacer un inventario de ausencias, una enumeración de recuerdos y objetos que buscan dar cuerpo a quien no está.

Silvana Claro, psicóloga
Recuerdo lo último que me dijo.
Aún guardo su foto en la billetera.
Me lo encuentro en sueños, siempre.
Siempre será mi hijx, siempre será mi pareja, siempre será…
Su armario, todavía, guarda su olor.
Su armario, todavía, guarda su olor.
A oficinas como la de la delegación de Cali el CICR llegan las familias de los desaparecidos. Familias como la que, mañana, viajará para confirmar que la persona que han buscado, está. El primer paso es recoger el relato de la familia y, así, saber si el caso le compete o no al CICR, que solo se ocupa de desapariciones asociadas al conflicto armado.
Lise Lehongre da detalles sobre la recuperación que ella, y el equipo que lidera, hará el día siguiente pero dice que esos detalles no se pueden revelar en este reportaje porque los familiares así lo han pedido. Dice, sin embargo, que los responsables de la desaparición han dado indicaciones sobre el paradero de un cuerpo y que el equipo técnico del CICR, liderado por la forense Liliana Álvarez, ha encontrado indicios suficientes para hacer la misión. Mañana no solo viajará el equipo del CICR. También lo hará la familia del desaparecido con quien el Comité ha estado en contacto desde hace años.
—Espera.
Liliana Álvarez pide una pausa. Busca dentro de su maleta de herramientas y saca un pequeño palustre de cabeza triangular, una versión miniatura de la que usa un albañil para esparcir cemento. Empieza a remover tierra con delicadeza, como si el mundo estuviera hecho de porcelana. Raspa algo. Es una piedra.
—Sigan con la pala.
El metal de la pala vuelve a chocar contra la tierra seca. Todos miran a Liliana de cuando en cuando. A veces parecen buscar su aprobación. A veces parecen buscar en su cara alguna pista. Álvarez, para su equipo, es como un aparato sismógrafo: un medidor de variaciones.
El trabajo de Lise Lehongre, líder del equipo de protección de la subdelegación del CICR en Cali, y del resto de su equipo, significa enfrentarse continuamente a las expectativas de los familiares de los desaparecidos. El CICR en Cali tiene al menos 500 casos de búsqueda.
La recuperación
Para las familias estar en la recuperación es un proceso de sanación. En muchas ocasiones, los armados no tienen información. En otras, lo poco que pueden decir no es suficiente para ubicar el cuerpo. Y en otras, como asegura Lehongre, la información es una sentencia: —Somos muy honestos en decirle a la familia que es posible que no consigamos información pero también que es posible que consigamos la peor información: que nunca sabremos. Que hemos podido confirmar que sí lo mataron pero es imposible recuperar los restos: porque lo descuartizaron, lo tiraron al río, lo dejaron abandonado o se lo llevó el mar. Y estas son las peores respuestas para las familias. Mañana, sin embargo, viajarán a un lugar que el equipo ya ha visitado.
Liliana Álvarez, antropóloga de Medellín, es la especialista forense de la subdelegación de Cali del CICR.
Cuando voy a una recuperación lo primero para mí es saber el nombre de la persona.

Liliana Álvarez. Especialista forense de la subdelegación de Cali del CICR.
El arsenal de Liliana es una combinación de herramientas estándar de equipos forenses —brochas, palustres, palas pequeñas— pero también otras herramientas que son su marca personal: un kit de herramientas para cerámica. Pequeñas palitas de madera y de contornos redondos, con los que puede raspar la arena sin comprometer los huesos. Un dibujo que emerge del barro. Un humano hecho de tierra y polvo. Según lo que me vaya diciendo la tierra ...
Los huesos nos
dicen mucho.
Los huesos nos
dicen mucho.
A Liliana la acompaña un equipo de 10 personas que la miran, como quien busca confirmación, antes de hacer cualquier movimiento.
5 de septiembre. 5:30 a.m. El equipo ha levantado una carpa sobre el lugar en el que, sospechan, puede estar el cuerpo. Teresa Nieto y Silvana Claro rodean a la hermana. Nieto lleva una vela en la mano y Silvana lee una oración. Luego de que la hermana riega agua bendita sobre la tierra todo el equipo empieza a turnarse la pala y el silencio empieza a ser protagonista.
5 de septiembre. 5:30 a.m. El equipo ha levantado una carpa sobre el lugar en el que, sospechan, puede estar el cuerpo. Teresa Nieto y Silvana Claro rodean a la hermana. Nieto lleva una vela en la mano y Silvana lee una oración. Luego de que la hermana riega agua bendita sobre la tierra todo el equipo empieza a turnarse la pala y el silencio empieza a ser protagonista.
Todos miran la zanja —meticulosamente geométrica— que se empieza a armar en el suelo. Algunos lo hacen de pie. Otros, como Lise, se hincan para ver de cerca. De la tierra empiezan a salir todo tipo de cosas que, por momentos, alteran a todos. Piedras que parecen huesos, alambres de púas, raíces gruesas que un ojo no entrenado podría confundir con fémur.

Pasan horas de rutina. Todos tienen su turno para cavar.
La pala se detiene.
—Acá hay como… acá hay algo.
Liliana pide que sigan cavando.

En el suelo aparece un arco de hule color negro.
—Eso es como...
Hay un silencio. El primero de muchos que empezarán a aparecer en el día. Y este primer silencio aparece luego de que Liliana Álvarez pide que detengan la excavación.

—Un momento—, dice Liliana. Y se acerca a mirar. Pide que sigan cavando, que sigan el rasgo (una grieta en la tierra que forma un círculo y que sugiere que el lugar ya había sido excavado). El arco de hule negro queda ahí, a la espera de ser descubierto.
Cuando aparece un cuerpo, el dolor sin límites de la búsqueda se convierte en duelo. Otra forma de dolor sin duda. Una herida que, a pesar de todo, empieza a cerrarse. El arco de hule negro se confirma como el talón de una bota. Liliana entra en la zanja y empieza a raspar la tierra. Comienza su dibujo en el barro.
Y entonces, cuando el dibujo de la bota está terminado, aparece también un pantalón. Son las 10 de la mañana y la hermana no logra contener el llanto.

Aparece un hueso, aparece una correa de cuero gruesa y todo se guarda en bolsas ziplock grandes. Se podría pensar que se trata de un trabajo detectivesco pero no lo es. El CICR no tiene como tarea entender qué le pasó a ese cuerpo, sino recuperar los restos para entregarlos a Medicina Legal, quienes son también los encargados de la identificación.

A las 12:40 del día aparecen el cúbito y el radio. Más tarde, la cadera. Y luego, a las 13 horas, aparece el cráneo y el borrador del dibujo, los primeros trazos, están terminados.
En la zanja está el cuerpo de un hombre adulto. Lleva botas de caucho, un pantalón azul y una camisa. Luego de un ejercicio de extremo cuidado, Liliana saca los pedazos de tierra que rodean al cráneo y al resto de los huesos.
Son las últimas pinceladas, las últimas líneas del dibujo.
La hermana pide un momento a solas con su familiar y el equipo se retira. Y luego, como si se tratara de una mandala, Liliana Álvarez, con la ayuda de Lise, empieza a deshacer el el dibujo. A desensamblar el cuerpo y categorizar cada hueso en bolsas.

Lo mejor y lo peor que puede pasar


Ahora la familia debe esperar el resultado del largo proceso de identificación, en el que se determinará si los restos pertenecen o no a su familiar. La paradoja: si bien el equipo del CICR busca aliviar el dolor de las víctimas, su trabajo significa también mover el dolor, pues la herida de la desaparición nunca termina de cerrarse. Aún y cuando se encuentre el cuerpo, aún y cuando la incertidumbre se acabe en el momento en el que la familia pueda enterrar el cuerpo según sus creencias, el por qué sigue ahí: intacto. El sentimiento de injusticia es un dolor difícil de borrar.
Esto es una montaña rusa de emociones.
Posdata
Casi un año después de los eventos narrados en esta historia, la familia finalmente recibió la noticia de que los restos de la persona que fue recuperada en esta misión era, en efecto, su familiar desaparecido.
Un especial de desaparición en Colombia
Un especial de desaparición en Colombia